No es que me agarre a los días en los que nos obligamos a recordar, pero si habitualmente me cuesta no hacerlo, hoy, con más razón me aparece el recuerdo. En los aletargados anocheceres del invierno de los primeros noventa, mi abuelo y yo, en los largos espacios vacíos que nos dejaba el final del día, dábamos vueltas a algunos conceptos que formaban parte de su integridad, por el mero disfrute intelectual: El ser para mi, el espíritu, la entrada en sí mismo, la mismidad. Hablábamos delante de nuestros víveres, el pescado rebozado, las judías verdes, la sopa. Siempre me resultó curiosa la íntima relación intelectual entre Luis y Hegel. Mi abuelo Luis era un hombre hecho de moralidad y eticidad hasta los tuétanos, era lógico que los conceptos hegelianos le llenasen tanto. Algunos días nos poníamos a merodear alrededor del derecho, siempre desde la óptica de quien conoce que es el estudio de lo que no es, sin embargo, algo que se fundamenta en la idea de persona,...
Comentarios
Publicar un comentario