Ir al contenido principal

La mismidad perdida.

No es que me agarre a los días en los que nos obligamos a recordar, pero si habitualmente me cuesta no hacerlo, hoy, con más razón me aparece el recuerdo.
En los aletargados anocheceres  del invierno de los primeros noventa, mi abuelo y yo, en los largos espacios vacíos que nos dejaba el final del día, dábamos vueltas a algunos conceptos que formaban parte de su integridad, por el mero disfrute intelectual:
El ser para mi, el espíritu, la entrada en sí mismo, la mismidad.
Hablábamos delante de nuestros víveres, el pescado rebozado, las judías verdes, la sopa.
Siempre me resultó curiosa la íntima relación intelectual entre Luis y Hegel.
Mi abuelo Luis era un hombre hecho de moralidad y eticidad hasta los tuétanos, era lógico que los conceptos hegelianos le llenasen tanto.
Algunos días nos poníamos a merodear alrededor del derecho, siempre desde la óptica de quien conoce que es el estudio de lo que no es, sin embargo, algo que se fundamenta en la idea de persona, en un ente racional con voluntad libre, algo así no podía ser de ninguna manera algo malo. 
¿Por qué me resultaba tan cuesta arriba el estudio de algo que como objeto me atraía, que me resultaba interesante? Hablábamos de lo complicado que es entender el derecho como parte del espíritu siendo tan manifiestamente pagano.
Hoy sigo dándole vueltas a la idea de que el derecho es la forma más elemental de relacionarse entre personas. Creo que sí, que lo es, pero en los últimos años de mi vida he descubierto que el derecho es una de las ciencias menos respetada por las personas. Las leyes, normas y costumbres son una broma con la que jugar a hacer construcciones y negocios, algo muy poco espiritual, algo muy triste.
¿Si al derecho nos lo pasamos por el arco de Trajano, para qué cantar? ¿Para qué hacer poesía? ¿Para qué luchar? 
Hegel: publicado en la web de La Rosa Blindada. Nov. 2012
Aunque la mismidad era la estrella de la que más hablábamos aquellas veladas, en las que el abuelo hacía sentir al nieto pequeñito y orgulloso a la vez, la moralidad y la eticidad también se presentaban de vez en cuando con la misma presencia de ánimo.
Los motivos, la clave de la moralidad.
Cuántas veces buscábamos la moralidad en algunas cosas ilícitas, y aún más la inmoralidad en tantas cosas lícitas.
Hoy la idea de moralidad está en franca decadencia. Los seres que deciden a dónde van nuestros dineros a morir, piden perdón por ser inmorales, pero no se avergüenzan de serlo, en realidad son inmorales incluso en sus disculpas.
¿Y la eticidad? ¿Dónde ha ido a parar? Allí donde es imposible discernir dónde está  la verdad del espíritu subjetivo y del objetivo es desesperadamente imposible que sepamos distinguirla.
¿Hacia dónde van las relaciones de los individuos como personas independientes?
Nuestra sociedad ya no quiere ser el Estado, ya no quiere ser parte de un todo, ya no quiere tener la verdad absoluta, le resultaría suficiente con ser respetada.
Recuerdo aquel tiempo, que pasaba tranquilo al son de decenas de mecanismos de relojería, tic tac tic tac, un tiempo en el que nuestra sociedad parecía haber superado la niñez y la mocedad, sólo hace veinte años de esto, ¿Qué momento histórico vivimos ahora? Hemos dejado en ridículo a Hegel y su fenomenología del espíritu. España, que hoy es la suma de sus partes alícuotas, y las personas que nos diferenciamos del resto del orbe por tener un DNI (que no necesariamente un ADN) de nacionalidad española, nos olvidamos de la mismidad.
Y aquí me siento hoy, a recordad en alto a mi abuelo Luis, No quiero dejar pasar un día más sin rescatar en mi mismidad a Hegel, que para mí es como revivir a Luis, mi abuelo del Alma, mi alter ego.


Comentarios

Entradas populares de este blog

6 Griegos para unos juegos

1.- Pablo de Grecia. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, después de unas cuantas exhibiciones de poderío ario, comenzó el desfile de banderas y naciones. La primera en salir, como es norma en los Juegos, fue la griega. La muchedumbre en el estadio pudo ver desfilar, detrás de la bandera  blanca y azul, al príncipe Pablo de Grecia , que luego sería rey de los Helenos y en dos añitos más, padre de la princesa de Grecia y Dinamarca, que  más tarde sería y ha sido la  reina Sofía de España . Y junto a él, el presidente honorario de la delegación griega, invitado como huésped de honor por el Comité Organizador de los decimoprimeros Juegos Olímpicos de la era moderna. 2.- Spiridon Louis Las personas más enteradas presumían de saber quién era aquél enjuto y pellejo hombrecillo que vestía con los singulares atavíos del pastoreo griego tradicional. Era Spiridon Louis . Allí estaba, con 63 años, ante el mundo en su última aparición pública, p...

El nivelón de estos días. Titulares en fase drinking

The man who reads nothing at all is better educated than the man who reads nothing but newspapers. Thomas Jefferson Vivíamos en un mundo en el que para hablar de política había que ser contertulio, o contertulia, que también hay, menos, pero también. Y si eras del montón y hablabas de política enseguida el entorno te hacía ver que eso no estaba bien. Los unos y unas  porque si no eras de los unos y unas eras de los otros y otras, lo que representa ser un caso perdido y los otros y otras  porque si no eras de los otros y otras eras de los unos y unas, lo que ya ni te cuento, siempre es peor ser de los unos y unas que de los otros y otras, indistintamente hablando. Pero ahora ya no. Ahora es sacrilegio. Sales a decir, oye, que no lo veo así, que lo veo asá. y al día siguiente, como no eres ni de A ni de B, resulta que eres un ladrón, una defraudadora, un terrorista, alguien indigno de llamarte ser humano o cualquier otra cosa horroris causa. ¿Te rebaten?¿conf...

Algunas cosas que sé de Nadia y quería contar

En el inicio de los años ochenta, Nicolae Ceaușescu quería acabar con la deuda externa rumana, eso, al menos, pregonaba. Con esa justificación se sacó de la manga lo que llamó  " la racionalización", en realidad era una drástica reducción de lo más necesario: la carne, la leche, los huevos, incluso el agua corriente y la luz eléctrica empezaron a escasear.    En 1987, en la histórica Braşov, una ciudad al sureste de Transilvania, la gente comenzó a manifestarse en contra de la situación generada por las políticas dictadas por el dictador comunista, pero el aparato represor que manejaba Ceaușescu era fuerte y aún aguantó un par de años de envites; su final, el del dictador, en el año que he escogido para empezar esta historia, era poco previsible, por eso la huida del país se convertía en ocasiones en el único camino posible.  Nadie podía imaginar que sucedería lo que sucedió hasta que sucedió lo que sucedió a finales de diciembre de 1989.  De haberse podido adiv...