Ir al contenido principal

Jean Pickering. Hada madrina del atletismo británico.

      Hace unos años, más de cinco y menos de diez,  en un evento de atletismo infantil en Londres, tuve la suerte y el honor de conocer a  Jean Pickering. Ella compitió con su nombre de soltera, Jean Desforges, en los Juegos de Helsinki 52. Empezó a apellidarse Pickering cuando se casó con el comentarista deportivo de la BBC, Ron Pickering, cosas de las costumbres matrimoniales angloparlantes.
En el momento del que hablo, Jean era una apacible octogenaria que vivía de sus recuerdos y se esforzaba como voluntaria en este tipo de reuniones atléticas infantiles. Realmente se esforzaba, llegaba a las reuniones con la ayuda de un andador, y cuando tocaba intervenir, sacaba fuerzas de no se sabe dónde y participaba del evento con toda su energía.
Jean en la pista, Lee Valley Athletics Centre

Al margen de conseguir una pequeña entrevista que emitimos en España, imagínate qué lujos, pasé con Jean y otros ex atletas británicos una inolvidable cena y un lunch iniciático.
Charlando con ella me sorprendió algo que he visto reflejado en otras personas del deporte. 

Entre otras cosas Jean, que era de Knox Road en Forest Gate,fue parte del equipo de relevos británico que ganó el 4X100 del Campeonato de Europa de Bruselas 1950, y ni más ni menos que campeona de Europa de longitud en 1954 en Berna, y también fue récord Británica de esta prueba, fue la primera mujer británica en pasar de los 6 metros 10 centímetros, sus 20 pies, también consiguió grandes marcas y puestos muy notables en carreras de velocidad  y vallas.

Jean Pickering en la final de 80m vallas de Helsinki 52.
         Al poco tiempo de conocerla, la reina de Inglaterra la hizo Miembro del Imperio Británico.

Mrs Jean Pickering from Welwyn is made an MBE 
by Queen Elizabeth II at Buckingham Palace. 
PRESS ASSOCIATION Photo. 
Picture date: Friday February 12, 2010. 
Photo credit should read: Lewis Whyld/PA Wire
 Cuando le pregunté por el mejor recuerdo de su época de atleta de élite, me contó que para ella, haber llegado a la final de 80 metros vallas de los Juegos Olímpicos fue lo máximo. 
Entonces las mujeres corrían esta distancia en lugar de los 110 m. vallas masculinos, que son las 120 yardas oxoniensas. Desconozco por qué las mujeres siguen sin correr los 110 vallas y se conforman con los 100 m.

Pero a lo que vamos. En mi inocencia continué la conversación:
- Claro, un quinto puesto en unos Juegos Olímpicos es la caña.
- No, Carlos ¡es que compartí línea de salida con Fanny Blankers-Koen! 
Una persona con esa capacidad de admiración y respeto por sus rivales sólo puede traer luz a esta tierra en la que tan mal se comprende para qué sirve la competitividad.

Ese es el momento más importante en la carrera deportiva de una atleta británica con campeonatos y récords en su currículo: El día en que compartió línea de salida con Fanny Blankers-Koen. Da que pensar ¿verdad?
En aquellos Juegos, Fanny tenía ya 34 años, y no consiguió nada especialmente brillante dado su historial, consiguió llegar a la final de los 80 metros vallas, y en esa final tuvo que abandonar lesionada después de pasar la segunda valla. Fue su última competición importante, pero allí dejó a un ramillete de excelentes vallistas con un recuerdo para toda la vida, su nombre en la salida junto al de la mejor atleta de todos los tiempos.

Jean y Fanny, segunda valla.
El cuatrocentista Perri Shakes-Drayton hablaba de Jean maravillas.La conocía bien, pues fue su mentora en su etapa junior. Y no era el único, muchos y muchas atletas pasaron por su impulso, por su devoción por el atletismo.
El 25 de marzo se cumplirán tres años de su paso al otro lado. Ella está viva en muchos corazones que aman el atletismo, gente que la admiró como atleta y aún más como maestra.
Jean Pickering, el "hada madrina" del atletismo británico.





Comentarios

Entradas populares de este blog

AMELIA EARHART. Desde el principio y volando hacia el final y final (o no)

... Tenía 34 años porque Amelia Mary Earhart  había nacido en Atchison, Kansas, el 24 de julio de 1897, esa es la causa fundamental.  Pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos.  Alfred Otis  era el padre de su madre, Amy, y uno de los  citizen  más  reputados de Atchison. Parece que al padre de la madre de Amelia no le gustaba el padre de su nieta, cosa muy habitual cuando el yerno en cuestión es una bala perdida. De pequeña, a la hirsuta Amelia no le faltaba de nada gracias a sus abuelos que cuidaban de ella y de su hermana, dos años menor. Mientras, su padre,  Edwin Stanton Earhart  perseguía el éxito profesional como abogado en Kansas, pero el éxito siempre le sacaba ventaja. Como Amelia fue una tipa súper famosa en su tiempo, mucha gente ha indagado en su infancia, y ha encontrado que las cosas que hacía en sus primeros años de vida eran ya demostrativas de una personalidad inquieta: escalaba árboles, ...

6 Griegos para unos juegos

1.- Pablo de Grecia. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, después de unas cuantas exhibiciones de poderío ario, comenzó el desfile de banderas y naciones. La primera en salir, como es norma en los Juegos, fue la griega. La muchedumbre en el estadio pudo ver desfilar, detrás de la bandera  blanca y azul, al príncipe Pablo de Grecia , que luego sería rey de los Helenos y en dos añitos más, padre de la princesa de Grecia y Dinamarca, que  más tarde sería y ha sido la  reina Sofía de España . Y junto a él, el presidente honorario de la delegación griega, invitado como huésped de honor por el Comité Organizador de los decimoprimeros Juegos Olímpicos de la era moderna. 2.- Spiridon Louis Las personas más enteradas presumían de saber quién era aquél enjuto y pellejo hombrecillo que vestía con los singulares atavíos del pastoreo griego tradicional. Era Spiridon Louis . Allí estaba, con 63 años, ante el mundo en su última aparición pública, p...

La mismidad perdida.

No es que me agarre a los días en los que nos obligamos a recordar, pero si habitualmente me cuesta no hacerlo, hoy, con más razón me aparece el recuerdo. En los aletargados anocheceres  del invierno de los primeros noventa, mi abuelo y yo, en los largos espacios vacíos que nos dejaba el final del día, dábamos vueltas a algunos conceptos que formaban parte de su integridad, por el mero disfrute intelectual: El ser para mi, el espíritu, la entrada en sí mismo, la mismidad. Hablábamos delante de nuestros víveres, el pescado rebozado, las judías verdes, la sopa. Siempre me resultó curiosa la íntima relación intelectual entre Luis y Hegel. Mi abuelo Luis era un hombre hecho de moralidad y eticidad hasta los tuétanos, era lógico que los conceptos hegelianos le llenasen tanto. Algunos días nos poníamos a merodear alrededor del derecho, siempre desde la óptica de quien conoce que es el estudio de lo que no es, sin embargo, algo que se fundamenta en la idea de persona,...