Ir al contenido principal

12 centímetros y 36 años.(1ª parte)

Ruth Beitia nació en Santander en abril de 1979. Es un dato indicador, porque un año y tres meses después de su nacimiento Sara Simeoni batió el record olímpico de altura, saltando 1,97m. Un dato numérico aún más indicador.

Comienzo la película en el 1,97 de Moscú 80. A esas alturas (de la historia) se había acercado a esas alturas (del suelo) un pequeño grupo muy selecto de atletas. Por entonces, la mayoría de las saltadoras se había iniciado en el rodillo ventral, incluso en aquella final de Moscú, la alemana (del Este) Jutta Kirst lo practicaba y llegó al bronce enfrentando el listón por la izquierda y con la pierna izquierda como pierna de batida, llegando al 1,95 y al podio.

La mejor atleta italiana de todos los tiempos, (en mi modesta opinión), poco antes de que naciese la mejor atleta española de todos los tiempos, (en mi modesta opinión), había saltado en Brescia 2,01, y había superado a la primera mujer que había saltado por encima de los 2 metros, la alemana (del Este) Rosemarie Ackerman, la última superclase del rodillo ventral.

Un mes más tarde, en Praga, ambas consiguieron esa misma marca, 2,01, que compartieron como record del mundo durante una buena temporada.

En Moscú80, Rosemarie llegaba reguleras, y Sara se fue a los 197 centímetros (4 menos que su mejor marca) para ser campeona olímpica. La brava Sara había sido plata en Montreal 76, donde saltó 1,91 y donde Rosemaria Ackerman, la última campeona olímpica de estilo rodillo, saltó 1,93 m.
Sara pasó del rodillo al Fosbury en 1969, el años en el que Neil Armstrong pisó la luna y 
el presidente de la república italiana era el socialista moderado Giuseppe Saragat. Fue una de las primeras mujeres en pasarse a este estilo de salto. Enfrentaba el listón desde la izquierda, daba unos pequeños pasitos previos a la carrera, hacía un paso a pie cambiado para iniciar con la izquierda y doce pasos de carrera para hacer una batida prodigiosa que la colocaba en el vuelo, elegantemente, para realizar un arqueo perfecto y asombrar al mundo desde las alturas.

Rosamarie Ackerman se retiró. Sara siguió. Y en el europeo del 82, en Atenas, saltó 1,97m de nuevo y fue bronce, y también fue testigo de cómo una mujer que diez años antes había ganado la altura de los juegos olímpicos de Múnich 72 batiendo el record del mundo con 1,92 m, consiguió, diez centímetros más. 2,02m y record del mundo.
Diez años, diez centímetros, la misma mujer, Ulrike Meyfarth

Ulrike con 16 años se convirtió en la campeona olímpica de atletismo más joven de la historia, algo que aún es. Y con 26 llegó a los 2,02 m. En ese espacio de 10 centímetros Ulrike no había triunfado tanto como el mundo esperaba. Era alemana (del Oeste), tal vez si hubiese sido del Este habría tenido otro recorrido. Lo digo porque por ejemplo en Moscú estaba secundando un boicot, no os vayáis a pensar otra cosa.
Ulrike es de Frankfurt, como las salchichas, y la entrenaba un mito en el mundo de la altura, claro que en aquel entonces aún no era tan mito. Ulrike saltaba enfrentando el listón desde la derecha, un total de 15 pasos in crescendo y los nueve últimos que iniciaba con dos inmensas zancadas hasta los últimos tres ajustando la batida con un control de tiempo y velocidad que maravilla.

No sabría decir qué resulta más sorprendente, que con 16 años y sólo tres de salto de altura en sus piernas, fuese medalla olímpica y record del mundo, o que con 26 fuese record del mundo.
En Helsinki 83, los primeros campeonatos del mundo de atletismo, Ulrike tenía de gran rival a la saltadora soviética Tamara Bykova, que ganó ese campeonato con 2,01.

El 21 de agosto de 1983, sólo unos días después del mundial, en Londres, Ulrike llegó a 2,03, y batió su record. Al poco rato, Tamara Bykova saltó 2,04. Aquella fue una inolvidable tarde veraniega.
¿Qué habría pasado si en Moscú80 hubiese estado Ulrike? ¿Qué habría pasado si en los Ángeles hubiese estado Tamara? Pues no sabemos. La política y el deporte se marcan muy de cerca, seguro que sus ciclos de entrenamientos y resultados habrían sido muy diferentes.

Lo que sabemos es que Sara Simeoni estuvo en esos dos Juegos Olímpicos, y se llevó un oro en uno saltando 1,97 y una plata en otro, saltando 2,00. Así va esto.
Ulrike se retiró después de Los Ángeles 84, donde saltó 2,02 y se incluye siempre entre las Top5 de las saltadoras de la historia.

Sara Simeoni sin embargo, continuó en la brecha hasta Stuttgart86, y dejó un record de Italia con su 2,01 del 79 (el año en que nació Beitia) que ha durado hasta 2007.

Así que Ackerman (ventral, izquierda), Meyfarth (Fosbury, derecha), Simeoni (Fosbury, izquierda) y Bikova (Fosbury, derecha), son las cuatro patas para un banco que colocaron la altura en la órbita del 2.04, hasta que Ruth cumplió los 9 años, cuando los Juegos Olímpicos volvieron a Asia. 

(Continuará... en Seúl88 y en 2,01m.)

Comentarios

Entradas populares de este blog

6 Griegos para unos juegos

1.- Pablo de Grecia. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, después de unas cuantas exhibiciones de poderío ario, comenzó el desfile de banderas y naciones. La primera en salir, como es norma en los Juegos, fue la griega. La muchedumbre en el estadio pudo ver desfilar, detrás de la bandera  blanca y azul, al príncipe Pablo de Grecia , que luego sería rey de los Helenos y en dos añitos más, padre de la princesa de Grecia y Dinamarca, que  más tarde sería y ha sido la  reina Sofía de España . Y junto a él, el presidente honorario de la delegación griega, invitado como huésped de honor por el Comité Organizador de los decimoprimeros Juegos Olímpicos de la era moderna. 2.- Spiridon Louis Las personas más enteradas presumían de saber quién era aquél enjuto y pellejo hombrecillo que vestía con los singulares atavíos del pastoreo griego tradicional. Era Spiridon Louis . Allí estaba, con 63 años, ante el mundo en su última aparición pública, p...

AMELIA EARHART. Desde el principio y volando hacia el final y final (o no)

... Tenía 34 años porque Amelia Mary Earhart  había nacido en Atchison, Kansas, el 24 de julio de 1897, esa es la causa fundamental.  Pasó buena parte de su infancia con sus abuelos maternos.  Alfred Otis  era el padre de su madre, Amy, y uno de los  citizen  más  reputados de Atchison. Parece que al padre de la madre de Amelia no le gustaba el padre de su nieta, cosa muy habitual cuando el yerno en cuestión es una bala perdida. De pequeña, a la hirsuta Amelia no le faltaba de nada gracias a sus abuelos que cuidaban de ella y de su hermana, dos años menor. Mientras, su padre,  Edwin Stanton Earhart  perseguía el éxito profesional como abogado en Kansas, pero el éxito siempre le sacaba ventaja. Como Amelia fue una tipa súper famosa en su tiempo, mucha gente ha indagado en su infancia, y ha encontrado que las cosas que hacía en sus primeros años de vida eran ya demostrativas de una personalidad inquieta: escalaba árboles, ...

Vera Caslavska (en el mes de la mujer deportista)

Esta mujer atesora una cantidad de historias tal que resulta difícil elegir. Me voy a quedar con las positivas. Llama la atención su aspecto, ahora que estamos tan acostumbrados a que las gimnastas sean mujeres recién llegadas al mundo adulto. Los códigos y las tendencias nos han llevado a considerar que una gimnasta con diecisiete años tiene que empezar a pensar en retirarse, cuando hasta los 16 no se puede competir al máximo nivel. Pero Vera Caslavska llegó a la cima de la gimnasia intercontinental cuando tenía veintiséis años, y ya había destacado muy sobradamente con cuatro años menos, cuando en Tokio 64 ganó el oro en todas las pruebas individuales y en el concurso completo. La evolución de la gimnasia debe a Vera al menos un par de cosas, la modernidad y la idea de que no siempre tienen que ganar las rusas. En aquellos tiempos “las rusas” eran “las soviéticas”, y en Checoslovaquia, el país de Caslavska (nació en Praga en el 42), estaban muy por la labor de seguir el ro...