Ir al contenido principal

99 años de Edmund Hillary, que no sólo llegó al Everest. (IV de IV) (y IV)

Venimos de aquí

       ¿Y qué se hace cuando se ha alcanzado el punto más alto de la tierra? ¿Qué otros fines pueden merecer la pena? ¿Se acaban los retos para un escalador si el más elevado a caído? ¿Es llegar a ese punto la última meta posible? Cada quien tendrá su respuesta.
En lo que se refiere a Hillary, cambió la altitud por la latitud, y se sumó a otra expedición de la Commonwealth que en 1958 llegó al Polo Sur, nunca nadie, desde las expediciones míticas de Amundsen y Scott, en la segunda década del siglo XX, había llegado allí donde la brújula se vuelve tarumba. Pues Hillary llegó allí en un vehículo de motor a través de la Antártida.
Y no se concentró en alardear de su logro mayor, cosa que perfectamente podría haber hecho, su filosofía vital llevaba otros caminos: “Es cierto, ¿por qué armar jaleo con algo que ya está hecho? Nunca me ha obsesionado el pasado, hay un montón de cosas que hacer en el futuro.”
Y cómo lo sabía el tío. En ese futuro al que se refería llegó a otros diez picos del Himalaya, dirigió una expedición desde la desembocadura al nacimiento del Ganges. Viajó con frecuencia a Nepal, donde creó la Himalayan Trust, una fundación benéfica dedicada a mejorar la calidad de vida de los sherpas, una comunidad que gracias a esta organización ha visto como se han creado escuelas, hospitales, puentes, aeropuertos y otras infraestructuras esenciales para el desarrollo de esta parte del planeta.

Un par de meses después de ser ordenado caballero, Hillary debió de notar que ser caballero no era para tanto, y se afanó en buscar cambios más consistentes en su vida, así que se casó con Louise Mary Rose. Un año después nació Peter Hillary Rose (que cincuenta años después subió al Everest con el hijo de Norgay como homenaje a sus padres). En 1955 nació Sarah Hillary Rose y en el 59, Belinda Hillary Rose, que protagonizó el momento más duro con diferencia  de la vida de Edmund.
En 1975 Belinda y Louise se dirigían al pueblo de Phaphlu, en el Nepal, donde Hillary estaba ayudando a construir un hospital. Cerca de Katmandú el avión dejó de volar y se estrelló. Luise y Belinda murieron. A Hillary se le desmoronó el mundo, pero su dureza interna estaba muy entrenada, sorprendentemente no sólo no le cogió horror a los aviones sino que decidió trabajar en ellos. Y eso desembocó en otra historia asombrosa, de esas que si las cuentas en alto no te las puedes creer, verás.
Entre 1977 y 1979, Air New Zeland programó unos vuelos turísticos por el antártico y Hillary era una atracción más del vuelo, allí explicaba algunas cosas interesantes mientras la gente estiraba el cuello para ver lo que había abajo. El 28 de Noviembre del 79 había un vuelo programado, pero Hillary tenía un compromiso ineludible en Estados Unidos, así que pidió a su colega y amigo Peter Mulgrew que le sustituyese. El avión, ese preciso día, se estrelló en el Monte Erebus, en la Antártida, y las 257 personas que disfrutaban de un plácido vuelo sobre la latitud cero emprendieron un viaje mucho más largo. Pasado el tiempo, el 21 de diciembre de 1989, la viuda de Mulgrew, Martha Anderson, volvió a casarse ¿Adivinas con quién? Pues si, con Edmund Hillary. La vida tiene estas cosas.
En 1985, Hillary fue nombrado Alto Comisionado de la India (cargo equivalente a embajador), al mismo tiempo era Alto Comisionado de Bangladesh y también Embajador de Nepal, y durante cuatro años y medio instaló su campo base en Nueva Delhi. También en 1985 acompañó a Neil Armstrong, que en 1969 había puesto un pie en la luna, en una avioneta con esquíes por el Océano Ártico, y aterrizó en el Polo Norte. Se convirtió así en la primera persona que ha pisado los dos polos y la cima del Everest.

En 1992, desde el tesoro de su país le pidieron que cediese su imagen para que los billetes de 5 dólares neozelandeses tuviesen la cara de un deportista. Eso era algo realmente significativo. Por un lado del billete de cinco dólares neozelandeses hay un pingüino y por el otro, un deportista. Os reto a buscar otro billete o moneda del mundo con la cara de un deportista.

Billete de Cinco Dólares neocelandeses. Edmund y el Everest.
En 2003 le  hicieron ciudadano de honor de Nepal.
En enero de 2007, con ochenta y ocho años en sus piernas, Hillary viajó a la Antártida para conmemorar el 50 aniversario de la fundación de la Base Scott, es decir, que se mantenía totalmente activo, y además, activista contra los que confunden la montaña con un parque de atracciones.
En 2008, el Gobierno de la India le otorgó el Padma Vibhushan, la segunda entre las más altas condecoraciones civiles del país, detrás de la Bharart Ratna.
Y ese mismo año, un ataque al corazón le llevó de nuevo al lugar que le convirtió en mito, el Everest.

Sir Edmund Hillary, 2007. Foto/Jane Ussher en su últia entrevista.
Arpa sherpa, el hombre que más veces había llegado a la cima del mundo se encargó de guiar el último viaje de Edmund Hillary. En la prensa de todo el mundo se recogieron sus palabras: "Edmund Hillary es una persona muy importante en Nepal. Por eso, me siento muy honrado de esparcir sus cenizas en la cima del Everest, monte que los sherpas consideramos sagrado. Voy a depositar las cenizas en la cumbre y a rezar por él, es quien nos mostró el camino".
Él es quien nos mostró el camino.
Fin.
Carlos Klifas.


Alguna documentación que he revisado y utilizado para escribir fundamentadas estas cositas sobre Edmund  Hillary:

Comentarios

Entradas populares de este blog

6 Griegos para unos juegos

1.- Pablo de Grecia. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, después de unas cuantas exhibiciones de poderío ario, comenzó el desfile de banderas y naciones. La primera en salir, como es norma en los Juegos, fue la griega. La muchedumbre en el estadio pudo ver desfilar, detrás de la bandera  blanca y azul, al príncipe Pablo de Grecia , que luego sería rey de los Helenos y en dos añitos más, padre de la princesa de Grecia y Dinamarca, que  más tarde sería y ha sido la  reina Sofía de España . Y junto a él, el presidente honorario de la delegación griega, invitado como huésped de honor por el Comité Organizador de los decimoprimeros Juegos Olímpicos de la era moderna. 2.- Spiridon Louis Las personas más enteradas presumían de saber quién era aquél enjuto y pellejo hombrecillo que vestía con los singulares atavíos del pastoreo griego tradicional. Era Spiridon Louis . Allí estaba, con 63 años, ante el mundo en su última aparición pública, p...

El nivelón de estos días. Titulares en fase drinking

The man who reads nothing at all is better educated than the man who reads nothing but newspapers. Thomas Jefferson Vivíamos en un mundo en el que para hablar de política había que ser contertulio, o contertulia, que también hay, menos, pero también. Y si eras del montón y hablabas de política enseguida el entorno te hacía ver que eso no estaba bien. Los unos y unas  porque si no eras de los unos y unas eras de los otros y otras, lo que representa ser un caso perdido y los otros y otras  porque si no eras de los otros y otras eras de los unos y unas, lo que ya ni te cuento, siempre es peor ser de los unos y unas que de los otros y otras, indistintamente hablando. Pero ahora ya no. Ahora es sacrilegio. Sales a decir, oye, que no lo veo así, que lo veo asá. y al día siguiente, como no eres ni de A ni de B, resulta que eres un ladrón, una defraudadora, un terrorista, alguien indigno de llamarte ser humano o cualquier otra cosa horroris causa. ¿Te rebaten?¿conf...

Algunas cosas que sé de Nadia y quería contar

En el inicio de los años ochenta, Nicolae Ceaușescu quería acabar con la deuda externa rumana, eso, al menos, pregonaba. Con esa justificación se sacó de la manga lo que llamó  " la racionalización", en realidad era una drástica reducción de lo más necesario: la carne, la leche, los huevos, incluso el agua corriente y la luz eléctrica empezaron a escasear.    En 1987, en la histórica Braşov, una ciudad al sureste de Transilvania, la gente comenzó a manifestarse en contra de la situación generada por las políticas dictadas por el dictador comunista, pero el aparato represor que manejaba Ceaușescu era fuerte y aún aguantó un par de años de envites; su final, el del dictador, en el año que he escogido para empezar esta historia, era poco previsible, por eso la huida del país se convertía en ocasiones en el único camino posible.  Nadie podía imaginar que sucedería lo que sucedió hasta que sucedió lo que sucedió a finales de diciembre de 1989.  De haberse podido adiv...